Mujeres campesinas e indígenas organizadas que cuidan el territorio, acompañan a sus comunidades y tejen justicia desde el cuerpo, la tierra y la palabra.
Somos mujeres ronderas de la comunidad de San Antonio, en la provincia de Hualgayoc, Cajamarca. Heredamos la organización comunal de las Rondas Campesinas y la sostenemos también desde el liderazgo femenino: vigilando el territorio, acompañando a otras mujeres y formándonos para participar en la vida de nuestras comunidades.
Cuidar la chacra, el agua y el cuerpo es también una forma de hacer justicia.
Nuestro trabajo se organiza en ocho ejes que nacen de la propia experiencia de las compañeras ronderas: del autocuidado a la vigilancia comunitaria, de la denuncia a los proyectos productivos. Son los hilos con los que tejemos, día a día, la defensa de la vida y el territorio.
En los talleres de Maygasbamba dibujamos el cuerpo de la mujer rondera y lo fuimos llenando de notas: ahí están su salud y su espíritu, su voz, su territorio, su vigilancia y su trabajo. Cada nota es uno de los ejes que ordenan nuestra labor diaria como ronderas.
No son pasos de una lista, sino dimensiones que sostenemos a la vez, todos los días, dentro y fuera de la ronda.
El autocuidado y la espiritualidad son fundamentales para fortalecer el cuerpo, la mente y el espíritu de las mujeres ronderas. Cuidarnos significa reconocer nuestras emociones, respetar nuestros tiempos de descanso, alimentarnos bien y proteger nuestra salud física y emocional. La espiritualidad, desde nuestras raíces andinas, nos conecta con la Pachamama, con nuestros ancestros y con la energía de la comunidad, brindándonos fuerza para seguir defendiendo la justicia, la vida y el territorio.
La capacitación femenina permite que las mujeres ronderas fortalezcan sus conocimientos, habilidades y liderazgo para participar activamente en la toma de decisiones de sus comunidades. A través de talleres, intercambios y procesos formativos, las mujeres adquieren herramientas para defender sus derechos, conocer las leyes, mejorar su organización y desarrollar capacidades que contribuyan al bienestar familiar y comunal.
La comunicación comunitaria es una herramienta esencial para informar, educar y unir a la población. A través de reuniones, radios locales, perifoneo, redes sociales o el diálogo directo, las mujeres ronderas pueden compartir alertas, acuerdos y mensajes de prevención. Una buena comunicación fortalece la organización comunal, promueve la participación y ayuda a resolver conflictos de manera oportuna.
El cuidado del ambiente es una responsabilidad colectiva porque de la naturaleza depende nuestra agua, alimentación y salud. Las mujeres ronderas cumplen un papel clave en la protección de ríos, manantiales, bosques y suelos agrícolas. Cuidar el ambiente significa evitar la contaminación —especialmente de las actividades extractivas mineras—, promover prácticas sostenibles, proteger la biodiversidad y enseñar a las nuevas generaciones a vivir en armonía con la naturaleza.
La denuncia y la fiscalización permiten vigilar que las autoridades, instituciones y actores privados actúen de manera transparente y respeten los derechos de la población. Las mujeres ronderas tienen el derecho y la responsabilidad de denunciar casos de corrupción, violencia, contaminación o abuso de poder. Fiscalizar es también supervisar que se cumplan los acuerdos comunales y las normas que protegen a la comunidad.
La vigilancia comunitaria consiste en la organización y participación activa de la comunidad para prevenir riesgos y proteger la seguridad colectiva. Las rondas cumplen un papel fundamental al monitorear situaciones de violencia, delitos, conflictos sociales o amenazas ambientales. Esta vigilancia fortalece la seguridad ciudadana y ayuda a mantener la paz y el orden dentro del territorio comunal.
La violencia contra la mujer puede manifestarse de forma física, psicológica, económica, sexual o verbal, afectando la dignidad y los derechos de las mujeres. Las mujeres ronderas cumplen un rol importante en la prevención, detección y acompañamiento de casos de violencia. Es fundamental promover relaciones basadas en el respeto, la igualdad y la no discriminación, rompiendo el silencio y apoyando a quienes sufren maltrato.
Los proyectos productivos son iniciativas que buscan generar ingresos económicos y mejorar la calidad de vida de las familias y comunidades. Para las mujeres ronderas, estos proyectos pueden incluir agricultura, crianza de animales menores, artesanía, transformación de alimentos o emprendimientos asociativos. Fortalecer proyectos productivos permite impulsar la autonomía económica de las mujeres y contribuir al desarrollo sostenible del territorio.
Como mujeres campesinas e indígenas decidimos, en el 2024, conformar este espacio binacional para intercambiar nuestra experiencia con la de otras mujeres organizadas del Perú y Ecuador.
“Defendemos el territorio del avance de las industrias extractivas, luchamos por la Justicia Climática y por la cultura como mecanismo de resistencia comunitaria.”
A lo largo de casi un año desarrollamos siete talleres de capacitación, un encuentro binacional, un recorrido por los territorios de impacto minero (Toxi-Tour), la producción de podcasts, cartillas educativas y cuatro microproyectos comunitarios.
En este primer encuentro las compañeras aprendieron sobre la presencia del agua en el planeta y su significado en nuestros cuerpos y territorios, usando la cartilla de aprendizaje. A través de dibujos respondieron la pregunta: ¿Las mujeres somos agua?
Reunidas en El Porvenir, las compañeras aprendieron a organizar y crear cuentos individuales sobre el clima antiguo en sus territorios. Los cuentos se exhibieron en un tendedero de colores para que cualquier integrante de la comunidad pudiera leerlos. Las mujeres adultas mayores fueron clave para recordar las historias más antiguas.
Las compañeras nos reunimos en el caserío de Machaypungo para conocer el significado de una cuenca hidrográfica y la importancia de conservar su parte alta, donde se origina el agua que abastece a las poblaciones río abajo. Las niñas dibujaron su propio mapa de cuenca hidrográfica.
Reunidas en Maygasbamba, identificamos las afecciones que padecemos por la contaminación por metales. Nuestro territorio fue identificado en 2004 con 100% de contaminación en todas las muestras de sangre de la provincia —datos que el Ministerio de Salud ocultó hasta 2011. El autocuidado y el poder colectivo son nuestras herramientas de sanación.
El 10 de noviembre recibimos en Maygasbamba a mujeres defensoras de Ecuador, Brasil y Cuzco. Intercambiamos experiencias, compartimos nuestra realidad de contaminación por metales y establecimos lazos con compañeras que resisten en sus propios territorios. Nuestra compañera Paulina representó a la organización en el recorrido binacional que visitó Tundayme, Loja, Piura, Bambamarca, Cajamarca y Cuzco.
Al día siguiente del encuentro emprendimos el recorrido desde nuestra comunidad hasta Cajamarca, visitando los pasivos ambientales que aún contaminan el agua, el área de GoldFields (que en 2018 contaminó 24 canales de riego y el río Tingo-Maygasbamba), y las más de 278 lagunas del Alto Perú que Minera Yanacocha pretende secar. En esas lagunas realizamos un pago al agua — un pago a la Yakumama.
Compartimos lo aprendido en el Encuentro Binacional: conocimos las experiencias de la gran minería en Tundayme-Gualaquiza (Ecuador), Yanacocha (Cajamarca) y Antapacay-Corohuayco (Espinar-Cuzco) a través de videos preparados por la Red ChaskiWarmikuna y Saramanta Warmikuna.
Las compañeras aprendieron a estructurar una propuesta de proyecto para el concurso convocado en el marco de la Escuela Rondera Femenina. Las ideas recogidas buscan responder al cambio climático y la inseguridad alimentaria causada por la escasez de agua en las comunidades.
Las compañeras más jóvenes grabaron cinco podcasts sobre cambio climático y la mal llamada transición energética. En abril se realizó el concurso de microproyectos con evaluación de tres ingenieras expertas. Cuatro propuestas resultaron ganadoras:
Durante cinco meses las comunidades pusieron en marcha los biohuertos, la crianza de gallinas ponedoras y de cuyes. Cada microproyecto fortalece la seguridad alimentaria local y construye autonomía económica frente a los impactos del cambio climático y la contaminación minera.
En este último encuentro se congregaron todas las compañeras del proceso. Evaluamos el proyecto, revisamos el avance de los microproyectos y la directiva rindió cuentas. Fue un momento emotivo que nos deja la esperanza de continuar juntas, desarrollando acciones que permitan a las mujeres campesinas e indígenas mitigar el cambio climático en sus territorios, familias y cuerpos.
Cambio climático y transición energética, grabados con las compañeras más jóvenes.
Sobre agua, tradición oral, cuencas, salud femenina y microproyectos. En proceso de registro en la Biblioteca Nacional.
Biohuertos y crianza de animales para la seguridad alimentaria en cuatro comunidades.
Integración a la Coordinación Binacional ChaskiWarmikuna Ecuador–Perú.
Algunas de las compañeras que cada día llevan adelante el trabajo de la ronda femenina.